Menos si eres Will Smith, que es
un tipo bastante cool y tiene que ser cool todo el tiempo. Imagínenselo mirando
la playa en su casa de Miami (leáse m-i-a-m-i), escuchando diversos estilos
musicales de todo el mundo, buscando inspiración para su próxima producción
musical. El sol en lo alto dibuja formas en su vaso con algún jugo tropical.
Pone algo de The Clash, una banda que
conoció en una de sus visitas a Londres, esa vez que la Reina solicito reunirse
con el Príncipe del rap. La realeza, llu nou. No entiende cómo un grupo de
punkies produjo un albúm así. Recuerda a su abuela sentada en esa silla blanca
en el pórtico de su vieja y oscura casa de madera en un barrio perdido de
Filadelfia, esos punkies son unos descerebrados, le dijo.
El sol baja su intensidad. El
pequeño Jaden da sus primeros pasos en la blanca arena, le sonríe e intenta
moverse al ritmo de la música.
Daddy llo!
Es el último semestres de 1999.
Los productores lo tienen hastiado. Willard (que así se llama el gran Will
Smith), no puede sacarse a The Clash
de su cabeza. Joe Strummer sube y baja, lo golpea, lo escupe, lo traga y lo
vomita. London calling satura el
hogar de los Smith. Piensa en abandonarlo todo, en partir de cero, en raparse,
usar botas y romper guitarras, en viajar por el mundo, robar, bailar, bailar,
bailar. Triple cero. Es fin de año. Es fin del milenio. La gente siente miedo.
Entonces Willy lo ve. Ríe. Oh! Ha-ha!
Ha-ha! Llama a sus otros amigos raperos, cortesanos de esta extraña forma
de realeza no oficial.
Está en lo alto de una larga
escalera. Hay un piano. Nadie sabe porque hay un piano. Sobre el piano hay
papeles y un gran equipo de música. Bienvenidos al nuevo milenio, dice Will. Bienvenidos
a mi milenio. Suena Rock the Casbah,
Big Willie comienza a improvisar sobre la voz de Joe.
Hey Güil, hey Güil.
Quei-ci lloh!
Lo siente en su cuerpo, lo ve,
todos bailan a su alrededor como si el mundo fuera a acabarse al segundo
siguiente, ve la línea temporal, el pasado, sus ancestros llegando en un barco
y danzando en la noche alrededor de una fogata, única forma de liberación,
ruido de cadenas. Los tiempos cambian, piensa Will, es hora de mi momento.
La policía termina la fiesta.
Will mira el suelo de celda. Es
porque somos negros. Es porque, a pesar de todo, venimos de los suburbios y
nunca nos fuimos de ahí. Nos permitieron venir a una mejor jaula, con sol y
playas. Todo es una farsa, la farsa que intuía The Clash. Como no lo vi. Imagina a los policías riendo,
sintiéndose satisfechos de haber encarcelado al príncipe. Mueve su cabeza de un
lado para otro, estira sus labios y pone su ridícula cara de pena. Otro preso
tararea una canción. Es algo funkie. Will nunca ha escuchado algo así. No lo
entiende. Se mete en su cuerpo, se siente fantástico, imponente, lo puede
lograr todo, puede romper esos barrotes y caminar por el mundo libre. Lo desea
todo, lo tiene todo, como cuando estaba en Filadelfia y se salía con la suya. Los
disparos, sus hermanos negros peleando unos con otros, el escape que significo
la música, las infinitas horas sentado en el techo de una casa al borde del
abismo, mirando las estrella, soñándose ser una de ellas junto a su amigo
Jeffry. También desea que esos días vuelvan. Se queda con el ritmo por horas.
Tu-ruh, tu-ruh. Stevie Wonder. El ciego, el que toca el piano. Ai güich, qué cosa nigga, la canción se llama I
wish.
Jada lo espera afuera. No
conversan nada en el auto. No quiero que mis hijos sientan esto, piensa. Su
mente vuelve a la canción del tipo de la cárcel. Piensa en cómo se sentirá la
música siendo ciego. Cierra los ojos y saca la cabeza por la ventana.
Productores, escritores,
publicistas, diseñadores van y vienen. Sabe que el álbum será lo más grande,
que será el punto de partida de un nuevo milenio. Lo agotan con nombres y
letras y formas, imágenes de algo que, finalmente, no es él, no tiene nada que
ver con lo que significa ser Will Smith, ni mucho menos con lo que significará
ser Will después del año 1999. Pide una pausa, pone el London calling. Medita. La canción también necesita de un bautizo.
Piensa en como Joe cambio el mundo y le puso su sello. Entonces lo ve. Hace
unos cambios a la letra. Lo siente. Todo se estremece, muere y nace en su
estómago, llega a su garganta y casi se derrite antes de salir. Sienta a los
productores en la mesa de grabación, corre al micrófono.
Estupefacción.
Viaje veloz a Filly, a los
estudios de Jeff. La canción se termina de grabar al instante. Todo calza, la
canción el álbum, el milenio por partir.
Güil-tuh-quei.
El álbum ve la luz, o más bien,
nos ilumina un 16 de noviembre de 1999. Es un éxito. Es multiplatino en
América, su América, no la nuestra. Es el mundo, lo es todo. Suena en todas
partes durante las celebraciones por el nuevo milenio, yo excuse me, Willennium, yeah.
Ha- ha! Ha- ha!
No hay comentarios:
Publicar un comentario