lunes, 18 de abril de 2016

No es fácil mantenerse cool



Menos si eres Will Smith, que es un tipo bastante cool y tiene que ser cool todo el tiempo. Imagínenselo mirando la playa en su casa de Miami (leáse m-i-a-m-i), escuchando diversos estilos musicales de todo el mundo, buscando inspiración para su próxima producción musical. El sol en lo alto dibuja formas en su vaso con algún jugo tropical. Pone algo de The Clash, una banda que conoció en una de sus visitas a Londres, esa vez que la Reina solicito reunirse con el Príncipe del rap. La realeza, llu nou. No entiende cómo un grupo de punkies produjo un albúm así. Recuerda a su abuela sentada en esa silla blanca en el pórtico de su vieja y oscura casa de madera en un barrio perdido de Filadelfia, esos punkies son unos descerebrados, le dijo. 

El sol baja su intensidad. El pequeño Jaden da sus primeros pasos en la blanca arena, le sonríe e intenta moverse al ritmo de la música. 

Daddy llo! 

Es el último semestres de 1999. Los productores lo tienen hastiado. Willard (que así se llama el gran Will Smith), no puede sacarse a The Clash de su cabeza. Joe Strummer sube y baja, lo golpea, lo escupe, lo traga y lo vomita. London calling satura el hogar de los Smith. Piensa en abandonarlo todo, en partir de cero, en raparse, usar botas y romper guitarras, en viajar por el mundo, robar, bailar, bailar, bailar. Triple cero. Es fin de año. Es fin del milenio. La gente siente miedo. Entonces Willy lo ve. Ríe. Oh! Ha-ha! Ha-ha! Llama a sus otros amigos raperos, cortesanos de esta extraña forma de realeza no oficial.   
   
Está en lo alto de una larga escalera. Hay un piano. Nadie sabe porque hay un piano. Sobre el piano hay papeles y un gran equipo de música. Bienvenidos al nuevo milenio, dice Will. Bienvenidos a mi milenio. Suena Rock the Casbah, Big Willie comienza a improvisar sobre la voz de Joe. 

Hey Güil, hey Güil.
Quei-ci lloh!

Lo siente en su cuerpo, lo ve, todos bailan a su alrededor como si el mundo fuera a acabarse al segundo siguiente, ve la línea temporal, el pasado, sus ancestros llegando en un barco y danzando en la noche alrededor de una fogata, única forma de liberación, ruido de cadenas. Los tiempos cambian, piensa Will, es hora de mi momento.

La policía termina la fiesta.

Will mira el suelo de celda. Es porque somos negros. Es porque, a pesar de todo, venimos de los suburbios y nunca nos fuimos de ahí. Nos permitieron venir a una mejor jaula, con sol y playas. Todo es una farsa, la farsa que intuía The Clash. Como no lo vi. Imagina a los policías riendo, sintiéndose satisfechos de haber encarcelado al príncipe. Mueve su cabeza de un lado para otro, estira sus labios y pone su ridícula cara de pena. Otro preso tararea una canción. Es algo funkie. Will nunca ha escuchado algo así. No lo entiende. Se mete en su cuerpo, se siente fantástico, imponente, lo puede lograr todo, puede romper esos barrotes y caminar por el mundo libre. Lo desea todo, lo tiene todo, como cuando estaba en Filadelfia y se salía con la suya. Los disparos, sus hermanos negros peleando unos con otros, el escape que significo la música, las infinitas horas sentado en el techo de una casa al borde del abismo, mirando las estrella, soñándose ser una de ellas junto a su amigo Jeffry. También desea que esos días vuelvan. Se queda con el ritmo por horas. Tu-ruh, tu-ruh. Stevie Wonder. El ciego, el que toca el piano. Ai güich, qué cosa nigga, la canción se llama I wish

Jada lo espera afuera. No conversan nada en el auto. No quiero que mis hijos sientan esto, piensa. Su mente vuelve a la canción del tipo de la cárcel. Piensa en cómo se sentirá la música siendo ciego. Cierra los ojos y saca la cabeza por la ventana.

Productores, escritores, publicistas, diseñadores van y vienen. Sabe que el álbum será lo más grande, que será el punto de partida de un nuevo milenio. Lo agotan con nombres y letras y formas, imágenes de algo que, finalmente, no es él, no tiene nada que ver con lo que significa ser Will Smith, ni mucho menos con lo que significará ser Will después del año 1999. Pide una pausa, pone el London calling. Medita. La canción también necesita de un bautizo. Piensa en como Joe cambio el mundo y le puso su sello. Entonces lo ve. Hace unos cambios a la letra. Lo siente. Todo se estremece, muere y nace en su estómago, llega a su garganta y casi se derrite antes de salir. Sienta a los productores en la mesa de grabación, corre al micrófono. 

Estupefacción. 

Viaje veloz a Filly, a los estudios de Jeff. La canción se termina de grabar al instante. Todo calza, la canción el álbum, el milenio por partir. 

Güil-tuh-quei

El álbum ve la luz, o más bien, nos ilumina un 16 de noviembre de 1999. Es un éxito. Es multiplatino en América, su América, no la nuestra. Es el mundo, lo es todo. Suena en todas partes durante las celebraciones por el nuevo milenio, yo excuse me, Willennium, yeah.

Ha- ha! Ha- ha!

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