Llevo meses sin escribir en el
blog. Tiré unas líneas en una de mis agendas nuevas, una que compré para mis
vacaciones. Pero solo fueron unas líneas. Pensé mucho en mi novela que tengo en
el olvido y también en otra historia larga que tiene potencial para novela. Esa
de los desnudos. Es bello escribir. Es bello porque vamos a morir y tenemos la
idea loca de que algo de nosotros quedará y perdurará. Lo cierto es que
deberíamos hacer las cosas para que la vida humana perdure porque -como está la
cosa- nada va a sobrevivirnos. Eso es lo maravilloso de todo esto. Nos sentamos
sobre la basura de nuestros abuelos a tirar más basura. Y nos encanta el olor.
Y detestamos todo. Queremos que todo se acabe, pensamos en destruirlo todo,
pero apenas nos levantamos de nuestro sillón, caminamos al refrigerador,
tomamos algo de buen aspecto y nos sentamos a ver alguna serie, descanso
merecido.
Lo cierto es que no he escrito
por temor. Y también porque me siento sobrepasado por la compañera nueva que
llego hace un mes a esta oficina desde donde escribo. Es un ser humano terrible. Es todo lo que no
quiero ser y todo lo que en algún momento pude haber sido. No es que yo hoy sea
un gran ser humano -soy absolutamente desechable- pero esta mujer pasó
bastantes límites. Es a, mi modo de ver, irrespetuosa. A todos nos incomoda. No
soportamos su comportamiento gritón, grosero y desagradable. Al principio
pensaba que era la necesidad de buscar un lugar en la oficina pero ha pasado
suficiente tiempo para que entendiera cómo funcionan las cosas. Y en general su
falta de empatía es una constante. Yo he tratado de comprender, dar espacio,
responder a sus dudas pero también estoy alcanzando un límite. El resto
prefiere evitarla e ignorarla. Pero ella se mete en todo y, por lo que estamos
dilucidando, no sabe nada sobre el trabajo que se realiza en esta oficina.
Todos queremos decirle algo,
nadie ha pasado de la indirecta vaga. ¿Por qué siempre preferimos callar y
esperar a que las cosas cambien solas a pesar de que nos molestan a un nivel
físico? Digo esto porque temo por mi salud. No lo sé. El tema me pone de mal
humor, porque ella me pone de mal humor. Quizás la vida se está tornando en un gesto vano. Tampoco creo que debamos ordeñar
una vaca y lanzarle la leche por la cabeza. Pero siempre dudo sobre la
posibilidad de construir algo. Miro hacia atrás y parece que en algún momento
nos encerramos en el ficticio de que mañana todo será mejor y nos hemos dejado
pisotear por miles de años.
La vida sedentaria es una gran
mentira de un futuro que no vendrá.
(Por si fuera poco la nueva casi
no está en la oficina, y nos carga saber que alguien saca más la vuelta que
nosotros mismos. Especialmente cuando ella tiene el descaro de decirnos que
sacará la vuelta con la mentira básica del voy-a-buscar-un-café-pero-voy-a-una
cafetería-al-otro-lado-del-mundo. No voy a escribir de las veces que canta, de
su risa estridente y aguda, de su olor a perfume de quinceañera, de que come
con la boca abierta, de que da consejos que nadie le pidió, de que nadie sabe
para que la trajeron, y un millón de cosas que me desagradan de ella y que
usualmente no me importarían pero como me ha intentado corregir muchas veces y
me tiene aburridísimo, todo lo que puede molestarme un poco me molesta
muchísimo, porque buscamos enojarnos con la gente, buscamos estar decepcionados
del mundo pero agradecidos de que el sol salió otra vez, de que tenemos
internet en el celular, de que las pastillas funcionan y el alcohol nos sigue
emborrachando).
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