viernes, 14 de julio de 2017

a veces deberíamos destruir las cosas pero justo salió la nueva temporada de tu serie favorita


Llevo meses sin escribir en el blog. Tiré unas líneas en una de mis agendas nuevas, una que compré para mis vacaciones. Pero solo fueron unas líneas. Pensé mucho en mi novela que tengo en el olvido y también en otra historia larga que tiene potencial para novela. Esa de los desnudos. Es bello escribir. Es bello porque vamos a morir y tenemos la idea loca de que algo de nosotros quedará y perdurará. Lo cierto es que deberíamos hacer las cosas para que la vida humana perdure porque -como está la cosa- nada va a sobrevivirnos. Eso es lo maravilloso de todo esto. Nos sentamos sobre la basura de nuestros abuelos a tirar más basura. Y nos encanta el olor. Y detestamos todo. Queremos que todo se acabe, pensamos en destruirlo todo, pero apenas nos levantamos de nuestro sillón, caminamos al refrigerador, tomamos algo de buen aspecto y nos sentamos a ver alguna serie, descanso merecido. 

Lo cierto es que no he escrito por temor. Y también porque me siento sobrepasado por la compañera nueva que llego hace un mes a esta oficina desde donde escribo.  Es un ser humano terrible. Es todo lo que no quiero ser y todo lo que en algún momento pude haber sido. No es que yo hoy sea un gran ser humano -soy absolutamente desechable- pero esta mujer pasó bastantes límites. Es a, mi modo de ver, irrespetuosa. A todos nos incomoda. No soportamos su comportamiento gritón, grosero y desagradable. Al principio pensaba que era la necesidad de buscar un lugar en la oficina pero ha pasado suficiente tiempo para que entendiera cómo funcionan las cosas. Y en general su falta de empatía es una constante. Yo he tratado de comprender, dar espacio, responder a sus dudas pero también estoy alcanzando un límite. El resto prefiere evitarla e ignorarla. Pero ella se mete en todo y, por lo que estamos dilucidando, no sabe nada sobre el trabajo que se realiza en esta oficina.

Todos queremos decirle algo, nadie ha pasado de la indirecta vaga. ¿Por qué siempre preferimos callar y esperar a que las cosas cambien solas a pesar de que nos molestan a un nivel físico? Digo esto porque temo por mi salud. No lo sé. El tema me pone de mal humor, porque ella me pone de mal humor. Quizás la vida se está tornando en un  gesto vano. Tampoco creo que debamos ordeñar una vaca y lanzarle la leche por la cabeza. Pero siempre dudo sobre la posibilidad de construir algo. Miro hacia atrás y parece que en algún momento nos encerramos en el ficticio de que mañana todo será mejor y nos hemos dejado pisotear por miles de años.

La vida sedentaria es una gran mentira de un futuro que no vendrá. 

(Por si fuera poco la nueva casi no está en la oficina, y nos carga saber que alguien saca más la vuelta que nosotros mismos. Especialmente cuando ella tiene el descaro de decirnos que sacará la vuelta con la mentira básica del voy-a-buscar-un-café-pero-voy-a-una cafetería-al-otro-lado-del-mundo. No voy a escribir de las veces que canta, de su risa estridente y aguda, de su olor a perfume de quinceañera, de que come con la boca abierta, de que da consejos que nadie le pidió, de que nadie sabe para que la trajeron, y un millón de cosas que me desagradan de ella y que usualmente no me importarían pero como me ha intentado corregir muchas veces y me tiene aburridísimo, todo lo que puede molestarme un poco me molesta muchísimo, porque buscamos enojarnos con la gente, buscamos estar decepcionados del mundo pero agradecidos de que el sol salió otra vez, de que tenemos internet en el celular, de que las pastillas funcionan y el alcohol nos sigue emborrachando).

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