lunes, 14 de noviembre de 2016

Cruzar (la calle)

Terminé un terrible día laboral con una taza de cartón rellena con café y otras cosas. Caminé hasta una plaza y me puse a leer La república del vino y los licores de Mo Yan mientras hacía la hora para entrar a la clase de conducir porque compramos un auto y siento una responsabilidad tremenda al mover una máquina de cerca de una tonelada con un tanque de combustible moviéndose a velocidades que no percibimos a través del parabrisas a la vez que contamina y mata. La verdad es que me atormentan los vehículos. El libro me tenía atrapado, especialmente tras dar describir las instrucciones para cocinar un ornitorrinco y algo que llaman "animal con forma de bebe humano", pero debía dirigirme a la famosa clase. Al llegar al cruce peatonal, una mujer con una muleta me pregunta si el quiosco que está al otro lado de la avenida estaba abierto porque necesitaba comprar cigarros, que sin fumar no puede hacer nada. La ayudo a cruzar y me cuenta que fuma desde los quince, que su madre le dió su primera cajetilla, que nunca ha podido dejar de fumar, que cómo va a dejar de fumar en mundo lleno de odio, más cuando a una la golpean en la casa, más cuando tu madre te enseño a fumar y ahora dice que lo dejes, yo creo -me dice la mujer- que ella quiere que me muera, y mi hermana también quiere que me muera, que lo de exigirme que deje de fumar es una burla. Llegamos a la mitad de la calle y el semáforo cambia de preferencia, así que esperamos en el bandejón. Mi hermano me dice que no le diga a nadie, que lo deje simplemente, pero no puedo, no, así no se puede, aquí no se puede. Por eso mi libro debió llamarse La fumadora, por mí misma. Pero yo no lo publiqué, solo se lo vendo a mis amigos, a los conocidos. Los de las editoriales son unos ladrones, te pagan una mierda, como cien mil pesos, no sé, y tienes que hacerles el libro a su pinta, cuando ellos deberían estar al servicio de los escritories. No, yo no los pesqué e hice lo que quise, y publiqué mi cuestión sola, sin ellos. 

Habíamos cruzado. La mujer me dice que la dueña del quiosco ha subido el precio de los cigarros, pero tiene una oferta de 4 cajetillas que no puede obviar. Le expliqué que me tenía que ir. Nos vemos me dije, intenando memorizar su rostro que me miraba con extrañeza ante la incerteza de un futuro reencuentro.

Me fui pensando en que quizás fue ella la que me ayudo a cruzar (la calle).

1 comentario:

  1. seguro ella te ayudo, si tu andai puro paveando, avispate martinez que es eso de andar leytendo en la via publica, dentrese a su oficina y produzca, produzca, produzca

    PD: sabes que famosillo le tiene fobia a los autos?? Thom Yorke... quizas por eso somos amigos, porque eres como un thom yorke tercermundista

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