jueves, 22 de diciembre de 2016

Plataforma - I



El bot de limpieza estaba haciendo su rutina diaria en el departamento de historia humana cuando lo encontró. Esa jornada comenzó limpiando los huesos, las piedras talladas, los raros objetos de metal como habitualmente lo hacía. Pasó por espadas, lanzas, armaduras, libros, y una serie de objetos que hablaban de los humanos. Y que hablaban por los humanos. Se detuvo a limpiar uno de los primeros teclados cuando un pelo emergió debajo de una de las teclas. La alerta de peligro biológico se disparó, provocando que uno de los 6 núcleos centrales se pusiera en marcha a analizar la situación. En este caso, claro está, ponerse en marcha simplemente significa trasladar su atención a las cámaras y bots del área. Por medio de un análisis general, el núcleo número 6 puntualizó la alerta y pasó a interrogar al bot de limpieza del departamento de historia humana. En el flujo de información, Núcleo 6 revisó cada historial de limpieza donde se mostraban las zonas aseadas, las que no habían cambiado en más de 50 años desde el inicio de los ciclos ahí, en la Plataforma. Posteriormente revisó cada análisis de residuos notando que usualmente la basura del sector era básicamente material particulado. Polvo.  Singularidad. Tanto por el tiempo de sobrevivencia del pelo como el hecho de que apareciera ahora y no en algunas de las idénticas limpiezas realizadas con anterioridad. Núcleo 6 descargó un antiguo protocolo sobre manipulación de residuos biológicos que fue instalado en el bot de limpieza y le ordenó que llevará, con máxima precaución, el cabello al departamento de ciencias ubicado en el otro extremo de la gigantesca plataforma flotante.

Las pruebas demostraron que el pelo se trataba de un XY. 36 años terrestres. Sano. Alto. Pelo castaño, ojos café, caucásico. Su identificación básica no concordaba con ninguno de los perfiles del registro disponible en la base de datos de los últimos viajeros. Los interrogantes no hacían más que aumentar. Un varón no registrado que dejó su residuo biológico en uno de los teclados del departamento de historia humana. Núcleo 6 pensó que debería revisar el protocolo de limpieza del bot. Quizás alguna variable del algoritmo se disparó. Hay que hacer simulaciones y pruebas, porque todo indica que ese pelo siempre estuvo ahí y pasó desapercibido tanto por los sensores como por el bot durante todo este tiempo. Eso era un tema. Sin embargo el problema mayor para Núcleo 6 era el siguiente: ¿qué hacer con el único material genético humano disponible en la Tierra?

Los sueños no se hacen realidad - IV



En una de las paredes hay una fotografía. Un hombre mira a un bebe. Se sonríen en sepia. Quizás el infante es el tipo de las drogas, solo que ahora usa lentes circulares, tiene barba de un par de días, abundante cabellera gris y vive su delgadez ahí, entre el humo y la silla cubierta de una capa de grasa humana y ceniza. No es buena idea preguntárselo. Todavía fuma su cigarro infinito. El humo es también infinito. Parece que siempre hubiese estado allí, junto con los muebles del living. Imagina una revista de decoración con los sillones amarillos desmanchados, la mesa de centro sin quemaduras de cigarro, la lámpara desprovista de las toneladas de polvo que la cubren, la biblioteca repleta libros en vez de drogas y la silla arrinconada. Rápidamente el humo lo invade todo. El lugar vuelve a su asquerosidad donde el humo es lo único puro.

-Yo sé que los viste. Yo también los he visto. Con sus antenas, su extraña mirada. Y ese miedo terrible recorriendo tu cuerpo, dominándote, operando por medio de un mecanismo tan antiguo como el poder. Lo sé. No entiendes nada. Llevas días vagando en este lado y el otro. Tu insomnio te permitió penetrar el tejido del sueño. Suena paradójico, lo sé. Pero el insomnio te volvió muy sensible a la realidad de los sueños. Me refiero a la percepción de ellos, al tejido que forman las inconsciencias que lo sustentan. No a la interpretación, no, definitivamente no. Las pastillas que te di facilitan el tránsito. Y tú entraste a un lugar muy oscuro. Ellos lo saben. Las razones por las cuales pudiste entrar a donde no debías aún me son desconocidas. Aún soy nuevo en esto del onironautismo. Bueno, siempre se es nuevo. Por supuesto que esto no es hipnotismo. Lo siento, sé que no fue con tu consentimiento, pero, de lo contrario no habrías aceptado. Lo sé porque te conozco. Yo también estaba en ese sueño. Vi como la mataste. Si, a ella, la que está recostada sobre el sillón respirando suavemente. Más bien escuché como la mataste. Estaba en la otra pieza, esperando, mirando por la ventana el caos de la plaza por la que escapas. Después todo se vuelve nebuloso.

El tipo de las drogas, Michael Herskovitz, había trabajado en la Universidad de Chile luego de terminar su doctorado en botánica y biología molecular en la British Columbia University. Lo habían traído con el fin de potenciar el área de biología molecular. Dijeron que incluso Maturana estuvo metido en eso. Rumores. Rumores que siguieron toda su estadía. A los rumores se sumó el gran ego de Michael. Los problemas prontamente se dejaron caer. Durante su cuarto año de estadía no cumplió con el mínimo de publicaciones (había tenido que ir a Estados Unidos, su madre había fallecido). Lo presionaron. Se encerró por meses en su habitación en el barrio Brasil. A veces estudiantes lo visitaban. Les decía que estaba en asuntos importantes, que no podía dormir. Su aspecto era irreconocible: ojos hundidos, piel cubierta de una aparente capa de musgo, pelo largo y sucio, delgadez extrema. Uno de sus vecinos se molestó (el olor a artemisa, el líquido verde saliendo por debajo de la puerta, las plantas ocupando la escalera). Llegó la policía y lo echaron. Lo vieron vagar por meses, durmiendo en plazas o en las inmediaciones del campus Antumapu. Su historia fue viral en las redes sociales: un genio que terminó en la calle. Le ofrecieron ayuda que rechazó. Le ofrecieron viajes a Estados Unidos que rechazó. Estoy trabajando en algo, contestaba mientras se retiraba mirando el aire, los árboles, los perros a los que recurrentemente fotografiaba. Finalmente todos se olvidaron de su existencia. Pasó otra cosa más importante en la realidad, como la muerte de un artista famoso, o el nacimiento de un niño de dos cabezas. Michael aprovechó el silencio y comenzó la venta de hongos alucinógenos cultivados en esos callejones privados de luz solar que tanto frecuentaba. Poco a poco extendió su negocio. Cultivó plantas y otras hierbas. Arrendó una habitación y armó un pequeño laboratorio para retomar sus investigaciones: el elixir para la resurrección. Literatura vudú y papers sobre cordyceps inundaban todo el espacio. No podía dormir. Abusó del ajenjo para buscar respuestas más allá de este plano. No podía dormir. El elixir no daba resultados. Experimento consigo mismo. No podía dormir. Enfermó. La realidad le pareció diferente. Pudo distinguir, tocar casi, la ínfima tela que separa vigilia de sueño. Un efecto secundario del elixir, no lo sabía. Simplemente exploró. Accedió a lugares que parecían olvidados por el ser humano hasta que lo encontraron. Ellos. IRONBLOOD. Se sintió observado. Apenas conseguía dormir. Se dedicó a la venta de drogas. De vez en cuando experimentaba con algunos de sus clientes. Sin darse cuenta se volvió adicto a la nicotina. Entonces conoció a la mujer, la vecina del sueño. Se involucraron. Profesionalmente claro. Ella también los vio, aunque insistía en una invasión zombie. Formaron una agrupación para navegar sueños.

-No sé quiénes son. Solo sé que bloquean espacios. Y que cada cierto provocan cosas. Provocan cosas acá quiero decir, de este lado. Como los incendios. Fue real. Lo otro también es real, también ocurre. Cientos de veces. Se cristalizan en la memoria y provocan dolor. Y lo de la policía también fue real. La muerte no lo fue. Manipularon el tejido. Todos estamos en ese tejido. Por lo tanto fue real. Fue colectivamente real. Tuvimos que desaparecer. Lo soñamos, tejimos nuestra desaparición. Ya aprenderás. Tenemos que hacer algo con esa herida. No tiene sentido hablar de real. Lo siento.

Se toca la cabeza y siente la hinchazón, el dolor, el dolor de la mujer que lo dejó, del otro idiota que lo persiguió, el dolor de caer del techo, el dolor de la duda, del vacío, del insomnio. No cree nada, pero la idea de descansar le parece sensata. El tipo de las drogas toma un puñado de hierbas que mastica hasta que su saliva se vuelve morada. Escupe una pasta sobre una gaza y se la pasa al hombre. Con un gesto le dice que se la ponga en la cabeza.

Su cabeza se llena de fuego, luego frío refrescante. Duerme.

-Sabemos pocas cosas. A veces las pesadillas son barreras que ellos colocan para que no penetremos más allá. El inconsciente es llave y puerta, medio y contenido. Así nos ahuyentan y nos conducen a  lugares comunes de los que no podemos salir o bien nos programan una iteración infinita que nos termina por volver locos. Tu inconsciente navego hacia allá y, de algún modo, entró al campo de ellos. Eso creemos. El conocimiento sobre los sueños ha sido borrado y el poco existente ha sido parametrizado, categorizado, cuantificado y archivado junto a otras disciplinas que la ciencia ha decidido olvidar. REM por aquí, REM por allá. Profundidad del sueño. Suficiente.  ¿Me entiendes?

Se hace el dormido.

Está en un mar de sábanas. Se ahoga. Es un niño de 5 años. Orina su cama. Es un lago en el que se sumerge. Algo brilla, allá en el fondo. Si en el fondo. Nada. Deja las sábanas atrás. Cae. Todo se vuelve negro con tonalidades violeta.

Cámara lenta. Ve el techo del departamento. Al parecer está hundido en las profundidades de uno de los sillones amarillos. Se mueve, piensa en moverse, pero su cuerpo se toma su tiempo en cumplir su voluntad. Escucha un ruido como un martillo golpeando la puerta. Afuera todo sucede muy rápido. Sombras gigantescas que toman corporalidad, metal y plástico, toman al tipo de las drogas, lo golpean y le ponen una capucha. Puede ver como un hilo de sangre cae por el rostro del tipo de las drogas. Hay alboroto. Se llevan al resto de las personas, incluyendo a la mujer. Alguien se detiene a ver el sillón. Lo mira de frente el rostro enmascarado, el rostro de un monstruo de plástico negro perfectamente brillante, pulido. Pero el monstruo no lo ve. Ojos negros, ojos obsidiana, ojos que no dicen nada. Risitas atraviesan la máscara. Se alejan. El departamento queda vacío.

Para cuando logra salir del sillón ya es de noche. Está cansado, la transfiguración, el braceo en cámara lenta, vagar entre el sueño y la vigilia. No sabe cómo sucedió. Se estira mientras recorre el desordenado departamento. Entra en la habitación del tipo de las drogas. Es bastante pequeña. Hay vidrios rotos y papeles desparramados en el suelo. Revisa los papeles al azar. Encuentra diarios de vida. Hay páginas que solo repiten la palabra IRONBLOOD. Dibujos de hongos y cavernas. En otras partes hay literatura fantástica. Se acerca a la ventana. Columnas de humo, ruido de sirenas. Un sonido que le retumba en el pecho, pero que no corresponde a un latido de su corazón. Viene desde el baño de la pieza. Se dirige al baño y abre la puerta. La luz es intensa y verde. Frascos rotos, líquidos centelleantes derramados. Más vidrios rotos. En el suelo hay una agenda con algunas páginas claramente arrancadas. Lee las páginas finales:

“Lo vemos escapar. Atraviesa uno de los bosques de transición que lleva a los edificios en donde hoy duerme Amelia. El humo se vuelve denso. Algo le incomoda. Nos quieren bloquear pero por suerte  decide correr. Amelia lo lleva a un departamento. Ve la posibilidad del caos. No lo mide, pero lo sabe. Amelia golpea la puerta, le cuenta su gráfica versión sobre los zombies. No le cree y se molesta. La historia es muy gráfica. Se defiende. Escucho cada golpe. Al número 12 pierdo la cuenta. Se filtra y cae en una plaza. La señal es muy fuerte. Finalmente nos bloquean. Vemos como intenta escapar. Lo invocamos una y otra vez hasta que despierta. El viaje no es satisfactorio. Algo queda adentro, conectado con ellos. Amelia llora ante la terrible visión de sus sesos en el suelo.”

viernes, 16 de diciembre de 2016

Contemplación



Los dos grupos se observan con detenimiento. Entre ellos: el agua quieta e ignorante. A veces un grito provocador. Expectación, silencio. Uno se adelanta. Bebe agua con indiferencia. Otro del grupo opuesto reacciona y se lanza al ataque. Golpea con un palo. El indiferente cae al suelo. Se suceden golpes en la cabeza. Sangre y leves convulsiones. Graznidos de pájaros. Esperan. No se levanta. Gritos de victoria. Los perdedores se alejan en silencio. 

El golpeador, inseguro y al mismo tiempo curioso, se acerca al recién fallecido. Huele, toca, descubre pelo y sangre; carne y hueso. El cadáver se pone rígido. Moscas, hinchazón, pájaros que caen en tentación. El golpeador se queda explorando el cuerpo. Lo reclama suyo, espantando a cuantos se acercan. El olor se vuelve insoportable. Se aleja y cada cierto tiempo vuelve para contemplar desde los arbustos cercanos. Vegetación muerta. Pelos. Huesos. Se acerca a tocarlos, purificados por la suave brisa. No sabe si mantener la vigilancia o continuar como el resto. Toma uno de los huesos y, torpemente, lo deja caer en la arena cercana al agua. El hueso queda a medio hundir. Atardece. El agua va y vuelve al compás de la brisa. Entonces el hombre se levanta hasta erguirse.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Recordar el futuro / Proyectar el pasado



Debo escribir las ideas que se me ocurren inmediatamente. El mundo no me deja recordar. Algo fue trending topic. Se acabó. #seacabó. Olas de fotos se suceden, llegan a la costa, pero la arena queda seca y revuelta. Sucesivamente nuestra pobre memoria intenta mirar con esfuerzo por el espejo retrovisor. No hay nada que mirar. El auto flota en el vacío. Un vacío democrático: podemos viajar a cualquier parte. Nada nos lleva a ninguna parte. Ante la (im)posibilidad de ser, nos arrolla la información que ya no nos forma, sino que nos deja en la soledad, en la ansiedad de pedir más fotos, más videos, más comentarios, más y más rápido, más grande: la trascendencia de un pulgar hacia arriba. 

(Puedo escuchar música, trabajar, leer tuiter, buscar información sobre una película, anunciar lo que me gusta y como me siento, coordinar reuniones y salidas a almorzar y comprar un arma que llegará a mi correo; todo esto desnudo, sentado en un departamento que solo tiene un baño, un colchón en el suelo y una conexión a internet.)

Por suerte está todo documentado, una perfecta línea cronológica que indica tu fecha de nacimiento o de registro en línea. Pensamiento linear en un mundo que emula una red neuronal donde todo se cruza y ocurre simultáneamente mientras reviso noticias que no terminan de acaecer mientras son publicadas o, simplemente, acaban cuando son publicadas y rápidamente son sepultadas por decenas de noticias que la aumentan y transforman en algo monstruoso que fallece para alimentar otro grupo de nuevos eventos. Todo se pudre, todo debe ser reemplazado, todo debe mantenerse fresco y brillante, luminoso y morboso. MisTeRioSO. Debe incitar. Carnada perfecta.

Ventana, ventana, ventana.

Me toco la cara con torpeza. Ver provoca dolor. Ver provoca aislamiento ¿Cómo sobre/vivir en un mundo tambaleante, a punto de explotar, a apunto de transformarse en una esfera tecnológica que se devora a sí misma? Me toco la cara, siendo el vidriometalplástico vivo. En realidad es una foto, etiquetas, comentarios, llamadas a cientos de kilómetros de distancia que intentan extender la presencia humana y darle una dimensión que no depende del espacio y el tiempo, solo de la velocidad de conexión. En un mundo sin cables no existe posibilidad de aferrarse a nada. 

De pronto:
Información comercial que se adelanta a tus deseos, que los percibe y dispara: HEADSHOT.

Me pregunto si la siguiente barrera será el pensamiento o el alma, si romperemos la velocidad de la luz, si viviremos en una forma increíble de instantaneidad en la que los diferentes tiempos humanos se desvanecerán, uniendo el pasado, presente y un futuro, y seremos una gran masa pensante que dejará de llamarse masa, que será conciencia ilimitada y polimorfa, un gran sistema complejo que se reconoce como tal, conformado por billones de almas deseosas de fundirse en una suerte de trascendencia inmediata. El nirvana comunicacional. O simplemente pasará lo que siempre pasa. Nos volveremos esclavos de nuestros propios medios y nos hundiremos en una historia sin pasado, que busca ampliar y destruir sus límites, pero no hace más que sumergirse en la ignorancia, super-esclavitud y el falso sueño (somnolencia) del progreso. //Queda abierta la pregunta de acceso y cobertura.

Mirar el círculo. Mirar el vacío y la línea al mismo tiempo. Ambos son el círculo. Y no lo son.

Será que leemos internet acostumbrados a leer libros, letra estoica. La televisión también tiene esa cualidad de permanencia de la información (verdadera o no), a pesar de que las imágenes se pasen y pasen y pasen. Digo permanencia por lo estática, por promover la inercia al estar subordinada al poder, al no ser libre, al reducirse a la elección de canales que, al final del día, son del mismo grupo dominante. 

Pero en internet todos tenemos espacio. En ese sentido, la verdad tiene otra cualidad: es absolutamente dinámica. 

D
O
L
O
R
D
E
C
A
B
E
Z
A. 

Lo que es hoy, ya ha cambiado, ya es otra cosa, ya se ha replicado y transmutado (negándose o afirmándose). El futuro no es lo que solía ser. Inflama y nos provoca neurosis, porque es difícil comunicarse en estos nuevos términos más parecidos a la esquizofrenia.

Pensemos en la escuela, en donde la autoridad de la información necesita que la verdad sea inalterable y eterna porque de eso depende su lugar en el mundo jerarquizado en el que vivimos. Imagínate que tu profesor deba desdecirse todos los días o ajustar lo que dijo el día anterior. Su poder fundado en la verdad literal ya no tiene validez en nuestra realidad electrónica. Quizás estamos ante el nacimiento de nuevas formas ideológicas, de nuevas formas de relacionarnos, en donde la globalización transita a autoritarismos cerrados que intentarán resistir la caída de la verdad eterna e imperecedera, para pasar a cientos de microaldeas con múltiples formas de verdad que, de alguna forma, lograrán comunicarse en otro medio más complejo que la internet misma. 

El ojo no es suficiente: pestañear es una falencia.