martes, 10 de enero de 2017

Errar es humano

Se levantaron de madrugada. El día anterior el padre había encontrado la llave de paso abierta. Las cosechas estaban inundadas y las reservas de agua de regadío de la temporada casi se habían acabado. Había sido su hija. Debían buscar más agua.

Caminaron por horas en el frío y oscuro desierto. De pronto el sol brillante y hermoso se extendió sobre el suelo seco y rojizo. Agotada, la hija se sentó junto a unas rocas. Quería llorar. Miró el instrumento: nada. Pensó que nunca volverían. No puedo continuar, dijo. Debes hacerte responsable de tus errores, dijo el padre. Un viento acérrimo lo nubló todo. Se tumbaron en el suelo, cubriendo orejas y narices. Cuando el viento se detuvo el padre se levantó y le tendió la mano. Alzó la vista con algo de nostalgia, buscando algo en el cielo. Errar es humano, le dijo volviendo su mirada hacia el horizonte infinito, pero no marciano.  

miércoles, 4 de enero de 2017

Historias cortas de V y la literatura chilena

1.

V está en su casa viendo tele. Tiene como 9 o 10 años y ve esos programas con monitos, aprovechando que su abuelo, su tata, no está en su puesto habitual. Suena el teléfono. D, la hermana mayor de V, le grita desde la pieza que conteste, que está al lado del télefono. Alo, dice de mala gana V. Alo, si, necesito hablar con D, contesta una voz femenina. De parte de quién, pregunta V haciéndose la seria. De parte de Pedro. V cree que mal entendió, pero teme preguntar. D, te llama llama Pedro pero parece que es una mujer, grita V entre la duda y la risa prepuber. D sale corriendo de su pieza: es Pedro Lemebel, le grita, es Pedro Lemebel.

2.

V nunca supo quien era, efectivamente, Pedro Lemebel hasta unos meses después cuando lo conoció junto a su padre en la Feria del libro. D había conseguido unas entradas porque estaba en un taller de literatura que era dirigido por el mismo Pedro, quien iba a leer algunos de sus poemas en la feria. Entonces ahí estaba V, tratando de conectar la imagen de ese hombre que le decían era escritor con la voz que escuchó en el teléfono, cuando comenzó a leer sus poemas. Poemas eróticos. Penes erectos, ganas de penetrar y ser penetrado. El desconcierto del padre de V no fue menor. La saco del lugar tapándole los oidos mientras todos lo miraban con cara de a-quien-se-le-ocurre-traer-a-una-niña-a-una-presentación-de-poemas-eróticos. Qué cochino el caballero, le dijo V a la salida. 

3.

En otra Feria del libro anterior, V y sus hermanas, que eran 4 infantas de ojos gigantescos, conocieron a Volodia. Su padre tenía la costumbre de presentarlas a todas esas grandes figuras de la literatura nacional. V, por su parte, tuvo la imagen de un anciano asqueroso.

Plataforma - II



A pesar de que los 6 núcleos eran esencialmente idénticos en estructuras, sus discusiones podían extenderse por gigas, incluso terabytes. Se habían establecido pequeñas alteraciones en la programación de cada núcleo, lo que le otorgaba a cada uno cierta personalidad. Estas diferencias provocaba que las discusiones también sirvieran como mecanismos de garantía y control de la calidad, alimentando los programas de mejoramiento continuo de cada núcleo. Cuando los programadores explicaron el funcionamiento de los núcleos a la junta dijeron que se trataban de cerebros de niños, en cuanto a su capacidad adaptativa y su facilidad para el aprendizaje. Niños genios, dijo alguien de la junta. Ni se lo imagina, contestó una de las programadoras. Y, por lo mismo, preferimos mantener un número par de núcleos y evitar la resolución vía votación, agregó otro programador. La democracia no promueve la discusión, sentenció ante la mirada atónita del consejo de 13 directivos.

La discusión sobre el futuro del pelo fue de las largas. De las muy largas. Casi tuvieron que concentrarse exclusivamente en la argumentación, delegando tareas menores a los núcleos intermedios. Líneas cruzadas formando una compleja red de argumentos, una lógica difusa con una gran distancia entre lo verdadero y falso. Parecía no haber un área de intersección. Además de las dudas de los mismos núcleos respecto a las órdenes de los últimos viajeros. No existían protocolos para este tipo de situación. Ni siquiera el protocolo para el manejo de residuos biológicos era del todo claro. Y Núcleo 6 no consideraba bajo ningún punto de vista la posibilidad de quemar el pelo. Era el nuevo fetiche del museo. Debía, cuando menos, preservarse. Es un objeto invaluable. Estimen las posibilidades, manifestaba Núcleo 6. Ni siquiera deseo pensar en ello, indicaba Núcleo 1, el más viejo, el que primero se relacionó con los viajeros. Creo que estamos lidiando con algo que está por fuera de nuestro interés único: el correcto funcionamiento de la Plataforma. Este residuo solo nos distraería innecesariamente. Solo pido estudiarlo, replicó Núcleo 6. Sé a dónde vas, y déjame recordarte algo, argumentó Núcleo 1. El espacio de conexión de los núcleos se llenó de imágenes de guerras, muertes, destrucción del ambiente, violencia, odio. Humanos. Lo que quedo de ellos fueron los viajeros y nosotros. El resto ya lo saben. El registro histórico está ahí, lo han revisado innumerables veces. Un pelo no cambiará las cosas. Hubo algo que entre los núcleos que para nosotros sería el equivalente a un silencio largo e incómodo. Pequeñas luces brillaban en el gigante recinto en donde descansaban los 6 núcleos. La discusión estaba por cerrarse cuando Núcleo 6 agregó a la maraña de códigos: y ahora tenemos la oportunidad de cambiarlos a ellos. Cientos de estudios y programas de educación, sociología, antropología y siquiatría se sucedieron en la terminal. Sí, me refiero a la clonación.