martes, 10 de enero de 2017

Errar es humano

Se levantaron de madrugada. El día anterior el padre había encontrado la llave de paso abierta. Las cosechas estaban inundadas y las reservas de agua de regadío de la temporada casi se habían acabado. Había sido su hija. Debían buscar más agua.

Caminaron por horas en el frío y oscuro desierto. De pronto el sol brillante y hermoso se extendió sobre el suelo seco y rojizo. Agotada, la hija se sentó junto a unas rocas. Quería llorar. Miró el instrumento: nada. Pensó que nunca volverían. No puedo continuar, dijo. Debes hacerte responsable de tus errores, dijo el padre. Un viento acérrimo lo nubló todo. Se tumbaron en el suelo, cubriendo orejas y narices. Cuando el viento se detuvo el padre se levantó y le tendió la mano. Alzó la vista con algo de nostalgia, buscando algo en el cielo. Errar es humano, le dijo volviendo su mirada hacia el horizonte infinito, pero no marciano.  

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