A pesar de que los 6 núcleos eran
esencialmente idénticos en estructuras, sus discusiones podían extenderse por
gigas, incluso terabytes. Se habían establecido pequeñas alteraciones en la
programación de cada núcleo, lo que le otorgaba a cada uno cierta personalidad.
Estas diferencias provocaba que las discusiones también sirvieran como
mecanismos de garantía y control de la calidad, alimentando los programas de
mejoramiento continuo de cada núcleo. Cuando los programadores explicaron el
funcionamiento de los núcleos a la junta dijeron que se trataban de cerebros de
niños, en cuanto a su capacidad adaptativa y su facilidad para el aprendizaje.
Niños genios, dijo alguien de la junta. Ni se lo imagina, contestó una de las
programadoras. Y, por lo mismo, preferimos mantener un número par de núcleos y
evitar la resolución vía votación, agregó otro programador. La democracia no
promueve la discusión, sentenció ante la mirada atónita del consejo de 13
directivos.
La discusión sobre el futuro del
pelo fue de las largas. De las muy largas. Casi tuvieron que concentrarse
exclusivamente en la argumentación, delegando tareas menores a los núcleos
intermedios. Líneas cruzadas formando una compleja red de argumentos, una
lógica difusa con una gran distancia entre lo verdadero y falso. Parecía no
haber un área de intersección. Además de las dudas de los mismos núcleos
respecto a las órdenes de los últimos viajeros. No existían protocolos para
este tipo de situación. Ni siquiera el protocolo para el manejo de residuos
biológicos era del todo claro. Y Núcleo 6 no consideraba bajo ningún punto de
vista la posibilidad de quemar el pelo. Era el nuevo fetiche del museo. Debía,
cuando menos, preservarse. Es un objeto invaluable. Estimen las posibilidades,
manifestaba Núcleo 6. Ni siquiera deseo pensar en ello, indicaba Núcleo 1, el
más viejo, el que primero se relacionó con los viajeros. Creo que estamos
lidiando con algo que está por fuera de nuestro interés único: el correcto
funcionamiento de la Plataforma. Este residuo solo nos distraería
innecesariamente. Solo pido estudiarlo, replicó Núcleo 6. Sé a dónde vas, y
déjame recordarte algo, argumentó Núcleo 1. El espacio de conexión de los
núcleos se llenó de imágenes de guerras, muertes, destrucción del ambiente,
violencia, odio. Humanos. Lo que quedo de ellos fueron los viajeros y nosotros.
El resto ya lo saben. El registro histórico está ahí, lo han revisado
innumerables veces. Un pelo no cambiará las cosas. Hubo algo que entre los
núcleos que para nosotros sería el equivalente a un silencio largo e incómodo.
Pequeñas luces brillaban en el gigante recinto en donde descansaban los 6
núcleos. La discusión estaba por cerrarse cuando Núcleo 6 agregó a la maraña de
códigos: y ahora tenemos la oportunidad de cambiarlos a ellos. Cientos de estudios
y programas de educación, sociología, antropología y siquiatría se sucedieron
en la terminal. Sí, me refiero a la clonación.
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