miércoles, 4 de mayo de 2016

Condición



I

El tipo escucha un ruido, con pereza abre los ojos: sí, es su cama, su casa. El ruido se incrementa. Piensa en los vecinos, una pelea, un choque, cualquier cosa. Decide levantarse, toma algo como una polera, una chaqueta, no lo sabe, se arrastra hasta la cocina, porque, contrario a lo que había pensado en un comienzo, el ruido viene de ahí y no de la calle. Ve sombras, un ruido de metales y vidrios cayendo desde un piso 20. Se agacha y se apoya contra la puerta del refrigerador, se detiene a pensar, pero no puede, no despierta, no se mueve su cuerpo, tiene miedo. Solo ve sombras que van y vienen y que, de pronto, después de cientos de horas que fueron un minuto, se agrupan alrededor de la puerta de la cocina.

Saben que es peligroso y estúpido, principalmente estúpido, así que lo dominan con miedo antes de adormecerlo y meterlo adentro de la nave. Lo examinan minuciosamente con sus pequeñas máquinas (insectos de un plástico transparente con luces y jeringas y pinzas minúsculas) que recorren cada uno de los rincones del cuerpo, inspeccionando hendiduras y orificios. Algunas ingresan al interior para recuperar tejido y muestras. Sin duda hay mucha grasa. Está un poco deteriorado, como el promedio de los suyos. Las máquinas dejan el cuerpo e ingresan a otra máquina mayor –una especie de reina madre-, que recibe las muestras y comienza a calcular. Es como los otros que han recogido. En realidad son todos iguales, no les importa. Nadie sabe lo que les importa. Juegan con los datos desplegados en la pantalla. Los signos (especie de letras en tres dimensiones, poliedros que van y vienen) mutan. La cara de los captores muestra algo que podría parecer alegría. (La cara de los captores es difícil de descifrar, a pesar de su apariencia humana, en realidad no tienen ojos, tienen lo que asemeja a un gran ojo cubierto por una delgada capa de piel rojiza, o múltiples ojos diminutos como si fueran moscas. Abunda el metal, el injerto artificial, huesos negros descubiertos que albergan miles de cables de un grosor ínfimo, donde antes hubo una boca ahora hay un tubo de un material aparentemente cerámico con un filtro, no tienen pómulos, ni cejas, ni pelos, ni vestimenta, o bien su vestimenta se confunde con la piel, unos tiene 2 brazos, otros tiene 3, otros tienen 4 y usan 2 como complemento de sus 4 a 5 piernas, sus piernas son delgadas y puntiagudas, parece una silla o una araña desequilibrada).

Queman la ropa del hombre.

Lo meten a una prisión con el resto de las otras especies.

El hombre, el humano, Javier, está inconsciente. Las otras especies se le acercan, lo mueven de un lado para otro, hacen ruidos, sonidos, vocablos, palabras, si palabras de diferentes idiomas de diferentes planetas. Uno de los seres, azul, de grandes ojos azul profundo, piel peluda, alto (alto en comparación con nosotros, los así llamados humanos) y delgado, se abre paso entre las otras especies y con uno de sus 3 gruesos dedos de una de sus 2 manos de su figura humanoide, toca la frente de Javier que, poco a poco, recupera su consciencia, abre los ojos y busca por todos los medios, volver a caer inconsciente. Retrocede, busca un rincón, se agazapa y se aferra a si mismo cuando nota que está desnudo y que los otros seres que lo rodean -a los cuales es incapaz de percibir, definir completamente- están, muy probablemente, desnudos como él. Ve, cosas como brazos como aberturas o abismos, dedos, espirales, bolas, uñas, pelos increíblemente gruesos, precipicios de carne y hueso, espinas babosas, esfínteres. Javier entra en pánico. Mira en todas las direcciones, sus ojos quieren estallar, sus manos no saben qué hacer, aplaude, golpea el suelo, su cuerpo se lanza hacia atrás con fiereza, suda cientos de litros, se orina, sus dientes castañean. Los otros lo observan fijamente, es decir, se giran hacia él y fijan un ojo, un tentáculo, una esfera oscura cubierta de pelos o lo que fuera, y se estremecen al unísono, al mismo tiempo que recuerdan lo que ellos también vivieron al llegar. Se alejan, saben que tarde o temprano se adaptará o se volverá desmayar y despertará y volverá a desmayarse hasta acostumbrarse.

La luz blanca se vuelve cada vez más insoportable. La realidad, la poca realidad de Javier se torna borrosa, siente que va a caer. La criatura azul lo vuelve a tocar y Javier logra entrar un estado de calma que le recuerda a su madre y también las múltiples veces en que se durmió borracho. La criatura le dice –en un idioma que podría ser cualquiera o bien, todos los idiomas del universo- que se calme. Javier no reconoce la voz, ni siquiera sabe si hubo una voz o las palabras simplemente aparecieron en su cabeza como los mensajes que se esconden tras los avisos publicitarios en los que trabaja ¿Será esta una nueva forma de llegar al público objetivo?

Se levanta. De pronto se siente mareado y con nauseas, como si viajará en un barco. Inevitablemente se inclina para vomitar y, al contemplar los trozos de masa de pizza, queso y salame que flotan sobre un líquido pegajoso rojo y cálido en el suelo de celda, recuerda súbitamente que está cautivo, que fue abducido por esas extrañas criaturas rojizas con apariencia de araña mutante. Jadea. Las otras criaturas se alejan, Javier se siente absolutamente repulsivo y ajeno, sin embargo, como si aquel rincón constituyera su nuevo y precario hogar, prefiere no alejarse de su vómito. Una de las criaturas reacciona y vomita un líquido verde, se desmaya, cae sobre sus desperdicios. Javier oye, o cree oír, una suerte de clamor seguido de agitación. Uno como una gran bestia oscura, de grandes brazos y manos; cortos pies, casi accesorios; un gran ojo-cabeza; y dientes en el abdomen, golpea los muros de la sala en la que están encerrados. Su acto es vano desde un inicio, desde que surgió la desesperación en el corazón de los cuatro corazones de esa gran bestia. Los golpes rápidamente cesan, mas la intranquilidad se mantiene en la población cautiva. Llantos, quejidos. Una especie de mono verdoso hace pataletas en el suelo. Javier llora silenciosamente, intentando limpiar los rastros de vómito con su antebrazo. Ridículamente toca su pierna buscando su teléfono pensando en ver su facebook.

La atmósfera se vuelve ácida. Suenan ventiladores o algo similar.  Aprovechando el silencio, el azul les habla. Les dice que se calmen, que entiende la presión a las que todos están siendo sometidos, y que deben mantenerse centrados, dejar el miedo atrás para afrontar la situación con claridad. El terror no nos llevará a ninguna parte, dice. Alguien, algo, canta y todos se sienten como en casa, recuerdan sus cuevas hundidas en las profundidades de mares amarillos, en casas con forma de nuez que cuelgan de árboles gigantescos perdidos en una selva prehistórica, en construcciones sobre piedra volcánica, en ciudades congestionadas por insectos que vuelan libremente entre edificios de metal y plástico de cientos de metros de altura. Todos sienten una calma en su corazón (o múltiples corazones en algunos casos). En el miedo, en la superación del miedo, se reconocen como iguales, porque, finalmente, lo único que saben es que están ahí, juntos, a la deriva del universo. Javier logra calmarse y unirse parcialmente a este sentimiento. Se siente pequeño y le gustaría decir algo para, para no lo sabe muy bien.

Javier se sienta en el suelo, cruza sus piernas y apoya su cabeza contra el muro, mirando el techo. Medita en la irrealidad de todo esto que lo rodea, en lo asqueroso de todo lo que lo rodea. Por qué no compré ese sistema de seguridad para la casa, piensa, nada de esto habría pasado, bastaba con tomar el teléfono y ver por las cámaras de seguridad. Nada más. No sé si le cuente a alguien esto, (las otras criaturas se organizan) no quiero me miren como un loco, o que después quede mi entrevista en internet dando vueltas o peor aún, no quiero convertirme en un meme y arruinar mi vida social, no podré salir por un tiempo, pero (forman un círculo y conversan), algo tendré que decir, me van a pedir explicaciones, que me va a decir mi jefe, mi jefe, tengo que ir, hay una reunión con un cliente de una empresa de compraventa de órganos, ni siquiera planché mis camisas, que voy a hacer, cuando se acaba esto (otras criaturas recorren los muros lisos buscando alguna abertura o rendija. Otras saltan intentando alcanzar los ventiladores, pero se dan cuenta que no hay ningún orificio en el techo), a quien le voy a avisar, pero seguro que voy a volver porque o sea no creo que no no no si esto no no no va a durar mucho si estas cosas son rápidas o sea no lo sé pero creo que a mi jefe no le va a gustar (las criaturas organizadas meditan, motivadas por el tipo azul)solo me tengo que quedar acá callado como siempre y esto terminará bien o sea o sea que si no no esto no no puede ser no (las otras criaturas se cansan y observan en silencio la meditación de las criaturas organizadas, algunas se integran, miran el suelo, juegan con alguna pelusa en el aire) yo llego plancho me acuesto y al otro día todo bien aquí no ha pasado nada mejor no decirle nada a nadie mejor les doy la espalda mejor les digo que se queden callados si esto va a pasar pero mira como no tengo que avisarle a mi jefe (una criatura apoya su mano en el suelo como queriendo enraizarse)  esto es como ese comercial del insecticida pero peor mil veces peor como esas películas pero no como me va a pasar lo mismo si no si estos tipos cosas no sé son amables no sé creo que no nos han hecho nada nada grave o sea nos revisaron nada más nos tomaron y nada más para que exagerar las cosas y mira no si estamos bien desnudos o sea yo estoy desnudos estarán desnudos estos pero bien todos estamos bien algo de cansancio pero nos darán de comer o algo no esperaran de que nos comamos unos a otros más encima estos parecen cualquier cosa de un momento a otro se comen mi vómito o algo o se comen entre ellos no creo que quieran comerme si yo no tengo nada de rico más encima vomité que asquerosidad lo que vomité ese olor los espanta a todos más el calor que hace acá me sorprende que no tengan aire acondicionado en esta nave (una criatura rosada y obesa se levanta y mira hacia arriba con su único y gran ojo y grita, abriendo su cuello-boca mostrando sus interior rojizo. El techo se abre por la mitad, miles de pantallas blancas y luminosas de distintos tamaños emergen y se posan sobre los seres, moviéndose de un lado para otro) si nave creo que la vi cuando me llevaron y me subieron a esta cosa que parecía hecha de cuero pero que era dura como el metal y como el plástico al tacto y sonaba ese ruido de metal que se mete en la cabeza hasta el fondo y lo remueve todo provocando todo el dolor que puede después caí inconsciente me desperté en la mesa esa y los vi creo que reían o sufrían y los bichos que aún siento que me tocan y me viven y ahora estas criaturas y el atraso y el calor y el sudor (sorpresa, inquietud y silencio) yo que no tengo nada que ver con estas cosas no pertenezco acá déjenme salir, por favor es que yo no debería estar acá, en serio, yo, yo no hice nada, o sea no sé, pero tengo plata, no sé qué quieren, pero les puedo ayudar, en serio que les puedo ayudar, pero no me, (la criatura que intentaba enraizarse al suelo intenta desesperadamente levantarse. El suelo se abre) ese ruido el ruido del metal que lo destruye todo el chirrido la explosión de metales los vidrios cayendo (caen. En la maniobra la criatura enraizada pierde su mano. Sangre verde se esparce en el aire mientras caen en la oscuridad, alejándose de las pantallas luminosas, que poco a poco se apagan) estoy cayendo si cierro los ojos e ignoro todo puedo disfrutar la caída (la velocidad aumenta. Algunas criaturas se desmayan, incluso sufren ataques cardíacos múltiples. Ruido de ventanas que se abren y cierran). Por fin.

Luces, fuertes luces de colores, unas tenazas cubiertas de una sustancia pegajosa y oscura toman a los que aún están vivos. Javier escucha como un ruido de cuerpos que caen al agua. Lo que no sabe es que los cadáveres caen a un sistema de recuperación del contenido de materia: ácido.

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