miércoles, 6 de julio de 2016

Condición (V)



Está en lo que parece ser la cabina de control. Está arrodillado, frente un panel que lleva horas tratando de entender. Manipula. Golpea con la poca fuerza que tiene. Se derrumba. Llora. Intenta, pero no. Ni siquiera puede pensar en algo. Pero no. No. Sigue llorando. Piensa en estupideces como la casa propia, el auto, la familia con la mujer rubia y perfecta, los hijos, la parejita, tener una casa en el campo, una camioneta gigantesca, envejecer, tener una jubilación decente. Al mismo tiempo piensa en matarse. No, pero no. Tampoco se le ocurre como. Aprieta su lengua contra su paladar, intentando controlarse. Aprieta los dientes, respira con fuerza. De pronto piensa en los otros, en Azul, Azul lo entenderá, Azul lo sacará del planeta. Javier vuelve.

Al principio no le creen, pero dada su insistencia y su pena, Azul lo apoya. Sin embargo algunos deciden quedarse. Hay una especie de despedida, de abrazo final. Javier no participa. Toman cuanta comida pueden y se lanzan sigilosamente hacia la nave.

El viento aumenta. Todo parece resquebrajarse. No sienten la presencia de los soldados rojos. Javier les insiste que suban a la nave. Hay dudas. Crece la desconfianza, todo es demasiado perfecto. Lo acusan de traición, de que adentro los esperan los captores para meterlos en esos huevos de contención. Javier tiene un bloqueo, se aleja hacia la nave. Una criatura, como una estrella de mar alargada, lo coge por el cuello. Javier siente cientos de miles de dientes milimétricos que se clavan en su piel y se aferran como ganchos. Azul hace un llamado a la calma. Yo entraré primero, sentencia.

Se suceden largos segundos.

La tierra se estremece. Es la colosal esfera de obsidiana que ha penetrado al centro del planeta de los insectos. Hay relámpagos, que también son devorados por la esfera. Todo converge hacia ella.

Se escuchan chirridos de todas partes. Un soldado rojo sale desde el pórtico del complejo. Mueve sus patas descoordinadamente, tropieza, se tambalea de un lado a otro. Las criaturas temen lo peor. La estrella de mar aprieta con firmeza el cuello de Javier que se deja mecer, laxo. Entrega. El soldado corre hacia la nave, emite un sonido terrible, mueve sus brazos, como impulsándose. Azul les grita que entren. Hay un momento de duda. Desde el complejo un oscuro tentáculo repleto de ojos toma al soldado rojo que se desvanece: la piel escamosa, los filtros, los cables, los insertos, el párpado, el ojo de mosca, los órganos modificados, las vísceras, el esqueleto, todo es absorbido por el tentáculo que abre sus ojos como si gritará. Finalmente la criatura emerge, hambrienta. Sin dudarlo, las criaturas suben a la nave.

En el suelo, Javier vuelve a la realidad. Azul les grita que entiende la nave, pero necesita tiempo. Otra criatura, una especie de caimán bípedo, le ayuda con los controles. Las luces cambian, la nave parece activarse. La criatura oscura se acerca lentamente. Ruge, retorciendo sus brazos, agitándose, palpitando sus ojos, preparándose para devorar la nave. Y, mientras se levanta, Javier lo entiende. Corre en dirección a los tentáculos. Grita, hace señas, insulta, intentando distraer al monstruo que contempla al pequeño muñeco de carne que lo enfrenta. Ese es su rol en la película, el mártir.

La nave parte y Javier se deja absorber. Ve como se alejan y siente como la criatura lo consume lentamente, como si lo leyera. No solo entiende su anatomía, también recorre sus pensamientos, sus recuerdos, el cielo estrellado, su familia, la vida en el planeta Tierra. Electricidad lo recorre. No hay dolor, solo dilución. En su último instante de consciencia, Javier entiende que su sacrificio ha sido un error.

La nave se aleja de lo poco va quedando del planeta de los insectos. No saben si podrán llegar a alguna parte, la verdad es que  apenas pudieron mover la nave. Azul siente como la consciencia de Javier desaparece en un mar negro, en un asqueroso mar negro repleto de millones de otras consciencias. Ve las pobres almas atrapadas en la esfera oscura. Se siente observado, se aparta. Ruega a sus antepasados poder encontrar la ruta de vuelta.

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