II
Espera la micro. Fue del os pocos que se quedó
hasta el final. Se escaparon. De pronto apareció un grupo de personas desnudas
y dijeron algo, algo que la verdad no entiendo, pensó que simplemente estaban
locos, que ya llegaría seguridad y que saldría en alguna red social. Aprovechó
de sacar una foto con su teléfono celular y siguió en lo suyo. Voces alegres,
risas se escuchaban en el pasillo principal. Se fueron. Creyó ver a uno de sus
compañeros pero no reconocía a nadie del
grupo. Locos, pensaba mientras esperaba la micro.
Dos horas después decide pararse. Nota que no
vendrá. Ningún auto viene. Revisa su teléfono pero hay poco información. Es
decir, mucha información que se sucede una a otra a la velocidad del teclado, desdiciéndose,
corrigiéndose, contradiciéndose, modificándose, borrándose, la siguiente, dale,
dale, la siguiente. Camina hacia una calle más concurrida. Nada. Las calles
parecen vacías. Todo está demasiado calmo, lo que lo incómoda y amedrenta. Algo
va a pasar, un tipo va a caerle encima y le va a robar todo. Apura el paso.
Piensa que caminar rápido lo hace parecer sospechoso. Baja la marcha, pero se
mantiene atento.
La avenida principal está tan muerta como las
calles pequeñas. En algunas partes hay ropa tirada. Escucha música la
distancia. Es como una celebración. Las palomas cruzan el cielo, se detiene a
mirarlas un segundo antes de seguir caminando hacia su casa. Lo mejor es seguir
la ruta de la micro. Camina, piensa en su madre, seguro estará asustada, esto
es raro, es como un apocalipsis, una catástrofe, es raro. En verdad es raro que
de un momento se hayan desnudado y que al salir todo parezca muerto, salvo por
esa música que es mejor evitar, piensa en que pasa si me asaltan, si me hacen
algo, si me quitan la ropa, si me obligan a caminar desnudo, a bailar desnudo,
y ver y tocar. Es raro. Imagínate desnudan a mi madre.
Camina hasta encontrar una tienda abierta. Pasa a
comprar algo, va a un refrigerador, toma una botella de agua y saca unas
galletas de una góndola. Llevo esto, pago con débito, dice sacando su tarjeta
para pagar. Se pasa al tipo del mostrador. Débito, repite. El tipo de la tienda
corta la tarjeta con unas grandes tijeras de metal plateadas. Tiene una gran
sonrisa en el rostro. El de la tienda le pasa las cosas y le dice algo que no
entiende porque siente un odio desde el estómago, desde el sentirse pasado a
llevar, sentirse violentado. Salta el mostrador y ahorca al tipo de la tienda.
Nota que este está desnudo. Aprieta su cuello. El tipo del mostrador sigue
repitiendo lo mismo, pero no entiende entre manotazos y pataleos. Alguien lo
toma de los hombros con fuerza. Es un grupo de desnudos que lo apartan del tipo
de la tienda. Lo llevan a una esquina mientras otros se hacen cargo del tipo de
la tienda que poco a poco vuelve a recuperar el aliento. Yo no, dice, no
quería, no. Los desnudos lo abrazan, le dan palabras de aliento, de que todo va a estar mejor.
Pero no lo ve, no lo siente, no lo entiende. Los ataca, los empuja. Corre.
Todo se vuelve borroso. Choca
con un hombre. Se asustan. El otro se asusta y saca un arma de su chaqueta.
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