Tengo un ojo en el pecho
puedo sentir el glóbulo ocular
ocupando sitio justo al centro,
al lado de mi esternón, hacia la izquierda,
abajo de mi corazón.
Siento cuando se abre
cuando se cierra
siento sus párpados que chocan
contra mi piel
siento sus pestañas que me hacen cosquillas
y siento como
mira
hacia adentro
y
hacia
afuera
Todos los días veo a mi ojo,
abro mi camisa y me planto frente al espejo,
con suavidad lo toco
y en las mañanas limpio sus lagañas
con un algodón húmedo.
A veces
el ojo tiene miedo y se
clava
navega hacia adentro
y se acurruca en el calor constante
de mi corazón vivo y cobarde
(el corazón no deja de correr por temor a la muerte).
Esto suele pasar
cuando mi ojo quiere mostrarme
cosas que mis otros ojos,
los de acá, de la cabeza,
no quieren ver.
Sé a donde quieres llevarme, ojo del pecho,
pero apenas sabemos lo que sucede
después de que cae una bomba nuclear;
O después de que vemos
que somos una oscura y miserable
sanguijuela chupasexo
que vive
succionando la médula
de los huesos de los cadáveres de nuestros ancestros
que reposan, que intentan reposar,
en cementerios sobre los que construimos
grandes tiendas comerciales para
perdernos por horas caminando
en círculos
círculos
círculos
después de trabajar toda la semana
desmantelando máquinas que serán
armadas por otros como nosotros
quizás más jóvenes
o mucho más viejos allá
allá en la lejana China.
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